Estrategia Financiera, Jim Rickards

Obama ató las manos de Trump

By On marzo 13,17
Estados Unidos está quebrando. No es una opinión o una táctica para asustar, es un hecho basado en la simple aritmética.


El presidente Trump podría tener que enfrentar la quiebra de los Estados Unidos tan temprano como el 15 de marzo, cuando termina la última suspensión del techo de la deuda.

La deuda gubernamental está creciendo más rápido que la economía. Si persiste esa tendencia, y eso es lo que las proyecciones oficiales del gobierno indican, llegará un punto donde los impuestos más altos no puedan cubrir el gasto en intereses de la deuda, los inversores pierdan confianza en el mercado de bonos y una espiral de muerte de mayores déficits y mayores tasas de interés se salga de control.

Esto no significa el fin de Estados Unidos, o el fin del mundo. Hay muchas formas de salir de esa espiral. Solo que ninguna de ellas es fácil y todas causarán masivas pérdidas para los inversores no preparados. Las formas de escapar al dilema de la deuda son el default, la inflación, la venta de activos púbicos, un rescate del FMI o alguna combinación de éstas.

El default impone pérdidas inmediatas en los acreedores del gobierno, mientras las tasas de interés suben para representar el aumento del riesgo.

La inflación esparce pérdidas a todos los poseedores de títulos de deuda no ajustados por inflación, incluyendo los depósitos bancarios, las pensiones, y otros contratos a largo plazo y rentas.
Las ventas de activos son una humillación (preguntarle a los griegos). Además, muchos activos estadounidenses no valen mucho para los inversores extranjeros si no pueden ser removidos, explotados o usados para generar retornos en dinero.

Un rescate del FMI implica que Estados Unidos cedería su control parcial de su economía a una institución global no elegida por sus ciudadanos.

Para entender por qué estos resultados malos están en las posibilidades hay que mirar al ratio deuda estadounidense sobre PBI. ¿Por qué el ratio deuda/PBI es tan importante para entender la inestable situación financiera de Estados Unidos?

La razón es que la deuda no puede ser analizada sola, debe ser comparada al ingreso disponible para apoyar esa deuda. Estados Unidos hoy tiene USD 20 billones de deuda  pública nacional. ¿Eso es alto o bajo? Si el PBI fuera de USD 60 billones, la mayoría de los economistas dirían que los USD 20 billones de deuda son bajos y fácilmente manejables. El ratio deuda/PBI sería de 33% (20/60 = 0,33). Pero si el PBI fuera de USD 19 billones, entonces el ratio deuda/PBI sería 105% (20/19 = 1,05).

Puedes ver esto mejor en el gráfico de abajo. Lo que muestra este gráfico es el pico de la Segunda Guerra (casi 121%) y que el ratio actual es de 105%.




Este gráfico muestra una suba firme de la deuda desde los mínimos del 33% alcanzados en los ‘70 durante Nixon, Ford y Carter, hasta los peligrosos picos de 105% de 2016. La era moderna de la explosión de la deuda nacional empieza con Ronald Reagan y continúa hoy con la administración de Trump.

La política fiscal del período 1981 a 2017 puede ser resumida en la frase: “alimentar la bestia y matarla de hambre”.

La bestia, por supuesto, es el gobierno estadounidense con su voraz apetito de fondos de quienes pagan los impuestos. Alimentar la bestia serían los gigantes déficits y el gasto expandido. Matarla de hambre sería recortar gastos y acudir a la prudencia fiscal.

El problema es que esta estrategia ha sido usada por varias administraciones para atar las manos de sus sucesores. Es esta dinámica política, combinada con la simple matemática de déficits y crecimiento que ha llevado al peligroso estado de Estados Unidos hoy.

La culminación de casi 40 años de irresponsabilidad fiscal (con algunas excepciones) ahora cae sobre Trump. La trampa de la deuda no es su culpa pero tendrá que resolverla porque está entrando en estado crítico. Una revuelta del mercado de bonos, casi hiperinflación o una implosión de deuda deflacionaria son posibles resultados.

Los masivos déficits del primer mandato de Obama (2009-2013) necesitan ser entendidos en la larga fila de presidentes demócratas progresistas y sus visiones para Estados Unidos. Ni Bill Clinton ni Jimmy Carter colmaron las expectativas de aumento de gasto de los progresistas. Carter fue un conservador fiscal contenido por la hiperinflación. Clinton fue un moderado contenido por los vigilantes de bonos y un congreso republicano luego de 1994.

Para cuando asumió Obama, los progresistas estaban hambrientos y Obama era un progresista. Por 70 años, de 1946 a 2016, el déficit anual promedio de presupuesto fue de 2,11% del PBI. En contraste, los déficits como porcentaje del PBI para los primeros años de Obama fueron de 9,8% en 2009, 8,7% en 2010, 8,5% en 2011 y 6,8% en 2012.

Hasta 2014 los déficits presupuestarios no volvieron a la norma histórica. Los años de Obama (2009-2017) vieron la deuda nacional más que duplicarse de USD 9 billones a casi USD 20 billones. El ratio deuda-PBI se alzó a 105%. Obama produjo la peor combinación posible de déficits masivos, un ratio deuda/PBI en alza e importantes aumentos de impuestos. Esto tal vez habría sido aceptable — si la economía hubiera producido el tipo de crecimiento robusto esperado por los neo-Keynesianos. Si la deuda subió USD 11 billones, ¿dónde estaban los USD 15 billones de crecimiento agregado que proyectaron los Keynesianos gracias al famoso “multiplicador del gasto”? Nunca pasó.

En cambio, la economía creció a una tasa anual promedio de 2.05% desde el principio de la recuperación de Obama en junio de 2009 hasta el fin del 2016. Esta fue la recuperación más débil en la historia estadounidense.

Hoy Trump se encuentra con este escenario y, si bien quiere expandir el gasto público y el déficit, su margen es muy pequeño para hacerlo. Las consecuencias hacia adelante son muy inciertas para todos los inversores.

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